El aplazamiento del duelo ante el Arenas de Armilla había alterado el orden natural del calendario, pero no la hoja de ruta de un equipo que llegaba a Mancha Real con la firme convicción de empezar el año como se debe: mirando de frente a la adversidad y saliendo vencedor.
El Estadio de La Juventud fue escenario de una de esas tardes que se incrustan en la memoria colectiva. Un partido que debía cerrar la primera vuelta, ante un rival directo por la permanencia, y que terminó convirtiéndose en una prueba de carácter, de fe y de compromiso con el escudo. Porque lo que allí ocurrió fue mucho más que un 2-4: fue una declaración de intenciones.
Desde el pitido inicial, el Alhaurino se adueñó del partido con autoridad. Dominio total, ritmo alto y ocasiones claras que anunciaban lo que parecía inevitable. A los cinco minutos, Raúl Sánchez ya había rozado el gol con un disparo que besó la cepa del poste izquierdo.
Dos minutos después, Hatim, tras un potente saque de banda de Ferrete, volvió a coquetear con el tanto. Y en el minuto nueve, de nuevo Raúl Sánchez, con un zapatazo que estremeció el poste derecho, dejó claro que el gol del Decano estaba al caer.
La jugada clave llegó pronto, demasiado pronto quizá para la serenidad del encuentro. Minuto 13: Raúl Sánchez encaraba en solitario al guardameta local cuando fue zancadilleado por detrás por el último defensor. Roja directa, sin discusión. El Mancha Real se quedaba con uno menos y la grada comenzaba a cargar, desde ese instante, contra el trío arbitral. El partido entraba en una dimensión incómoda.
Lo que nadie esperaba es que, pese a la inferioridad numérica y al dominio visitante, fuese el conjunto local quien golpeara primero. En el minuto 21, una acción nacida tras un fuera de juego no señalado al Alhaurino acabó con un centro desde la izquierda que Neskes, entrando desde atrás, convirtió en el 1-0.
El gol espoleó al Mancha Real, que lejos de replegarse, encontró premio de nuevo en el 27, cuando Andoni Tello, libre en el segundo palo, cabeceó un saque de esquina para firmar un 2-0 tan sorprendente como injusto para lo visto sobre el césped.
Pero el Alhaurino no es un club que se esconda. Herido en su orgullo, el Decano reaccionó de inmediato. Apenas tres minutos después, Yeray aprovechó un doble error defensivo para robar el balón, plantarse solo ante el portero y definir junto al palo izquierdo. El 2-1 devolvía la lógica al marcador y encendía de nuevo la llama azulilla.
Antes del descanso, el empate rondó el área jiennense: Villena vio anulada una ocasión por fuera de juego y, en el minuto 42, Tomé estrelló un tremendo disparo desde fuera del área en el larguero tras un robo de Víctor Rueda. El Alhaurino se marchaba al descanso con la sensación de que el partido, pese a todo, estaba donde debía.
Tras el intermedio, Francis García movió ficha con inteligencia, evitando riesgos en un contexto cada vez más tenso. Y la recompensa no tardó en llegar. En el minuto 53, una contra de manual, iniciada por Tomé y continuada por Oliva, encontró a Manu Sánchez en una galopada monumental desde campo propio. El disparo cruzado, ajustado al palo derecho, puso el 2-2 y confirmó que el partido había cambiado definitivamente de dueño.
A partir de ahí, el Alhaurino fue amo y señor del encuentro. El cansancio local y la superioridad numérica se hicieron evidentes, mientras La Juventud se transformaba en una olla a presión. Insultos, protestas y un ambiente irrespirable marcaron un tramo de partido que acabó cruzando una línea roja cuando uno de los jueces de línea fue agredido por un aficionado.
El colegiado, siguiendo el protocolo de la RFAF, activó primero el nivel 1 y posteriormente el nivel 2, suspendiendo temporalmente el partido. Quince minutos de interrupción, presencia de fuerzas de seguridad y un mensaje claro: el fútbol no puede ser rehén de la violencia.
Cuando el balón volvió a rodar, el Alhaurino salió del túnel de vestuarios con una sola idea: ganar. Y lo hizo con fútbol y determinación. En el minuto 71, una jugada magistral de Raúl Sánchez encontró a Yeray por banda izquierda, que cedió para Sergio Oliva. El delantero fue zancadilleado dentro del área sin discusión. Penalti claro, justicia poética. Oliva lo transformó ajustado al palo derecho y culminó la remontada: 2-3.
Con el marcador a favor y un jugador más, el Decano gestionó el partido con madurez. El Mancha Real, ya sin fuerzas ni argumentos, apenas inquietó a un Alhaurino sólido y concentrado. La guinda llegó en el minuto 88.
Álvarito inició la jugada desde la izquierda, cambio de orientación, Manu Sánchez rompió en diagonal y asistió con precisión a Sergio Oliva, que fusiló a la escuadra para cerrar un 2-4 definitivo. Tres puntos de oro, en un campo difícil, ante un rival directo y en una tarde marcada por la tensión y la épica.
Más allá del resultado, Mancha Real deja una lección de identidad. El CD Alhaurino empezó 2026 como sabe hacerlo: compitiendo, remontando y honrando su historia. Porque hay victorias que suman puntos y otras que refuerzan el alma. Y esta, sin duda, pertenece a las segundas.
Atlético Mancha Real: Lopito, Cortijo, Andoni Tello, Jorge Lloris (Luis Torres 77'), Pedro Corral, Juanma Espinosa (Mengibar 87'), Juanca, Christian García (Juan Andrés 77'), Neskes, Joya y Manu Fernández.
CD Alhaurino: Galisteo, Yago, Tomé (Álvaro García 77'), Víctor Rueda (Manu Sánchez 45'), Raúl Sánchez, Ismael Villena (Andy 45'), Hatim, Yerai, Oliva, Adri Ferrete (Largo 56') y Dickson.
Goles: 1-0, Neskes (21'); 2-0, Andoni Tello (27'); 2-1, Yerai (30'); 2-2, Manu Sánchez (53'); 2-3, Oliva de penalty (71'); 2-4, Oliva (88').
Árbitro: Torrano López, Alejandro (Sevilla). Amonestó por los locales a Pedro Corral, Joseba Aguado, Mario, Juanca, Jorge Lloris y por los visitantes a Víctor Rueda, Adri Ferrete, Ismael Villena. Expulsó por los locales a Joya (Roja directa 13'), Neskes (Roja directa 90').