El Decano con uno menos sonroja al Líder


En el fútbol, como en la vida, no todo se mide en cifras. Hay batallas que no se ganan con presupuestos faraónicos ni con nóminas que asustan, sino con identidad, con pertenencia y con una manera de entender el juego que se mama desde niño. 

El fútbol modesto vive de eso: de la idiosincrasia, del pundonor y del orgullo de escudo. Y si hay un club que encarna esos valores en la provincia, ese es el CD Alhaurino, Decano del fútbol malagueño e historia viva desde 1908. Cuando además esa identidad se ve arropada por el aliento inquebrantable del Miguel Fijones, lo imposible empieza a parecer alcanzable.

Visitaba Alhaurín el Grande el líder de la competición, un CP Mijas Las Lagunas construido para ascender, con jugadores profesionales que entrenan cada mañana y sueldos que descolocan a quienes llevan años respirando esta categoría. 

Frente a ellos, un grupo de chavales que, tras una dura jornada de trabajo, se calzan las botas al caer la noche para defender un escudo que vale más que cualquier contrato. Uno más uno, en fútbol, casi nunca son dos. Y este domingo volvió a demostrarse.

El guion inicial parecía el esperado. El líder salió decidido a imponer su jerarquía y a golpear pronto. Apenas se había asentado el partido cuando, en el minuto 5, una jugada de fortuna junto al palo derecho de la portería de Galisteo fue aprovechada por José Moreno para enviar el balón al fondo de la red. 0-1 y todo un mundo por delante. 

El encuentro entró entonces en una batalla táctica en el centro del campo, una auténtica partida de ajedrez en la que el dominio territorial era visitante, mientras el Alhaurino trataba de encontrar vías para conectar con su ataque.

A ese contexto se sumó una actuación arbitral que terminó por encender al Miguel Fijones. Óscar veía una primera cartulina amarilla tras una confusión en la identificación del jugador, y poco después una segunda que le enviaba prematuramente a vestuarios. 

El Decano se quedaba con uno menos, de forma injusta, ante el líder y con el marcador en contra. La indignación fue generalizada, pero lejos de hundir al equipo, aquel golpe hirió el orgullo azulillo.

Con todo en contra, espoleado por su gente, el Alhaurino dio un paso al frente. Poco faltó para que el esfuerzo tuviera premio antes del descanso, cuando un remate forzado de Raúl Sánchez se marchó fuera por muy poco, en la ocasión más clara del primer acto para los de Francis García. El descanso llegó con ventaja visitante, pero con la sensación de que el Decano seguía muy vivo.

Lo que ocurrió tras la reanudación tuvo tintes épicos. La charla de Francis García debió ser de las que quedan para la memoria, porque el Alhaurino salió valiente, sin complejos, dispuesto a morir de pie. Con un jugador menos, sorprendió incluso a su rival. 

Aquello no fue un descanso, fue una recarga de energía. Desde el primer minuto, los azulillos se volcaron sobre la portería del ex azulillo Juan Ramos y el aviso no tardó en convertirse en realidad.

Un saque magistral de Ferrete fue tocado lo justo por Sergio Oliva para mandar el balón al fondo de la portería. Gol. Empate. Estallido en el Miguel Fijones e incredulidad en el líder, que veía cómo un equipo en inferioridad le devolvía, nada más empezar el segundo acto, el golpe recibido al inicio del partido. La gesta de David contra Goliat comenzaba a tomar forma.

El tanto fue un auténtico chute de moral. La grada elevó la temperatura y el Alhaurino, lejos de conformarse, quiso más. En el minuto 55, Sergio Oliva —parecía haberse tomado una pócima mágica— se echó el equipo a la espalda y estuvo a punto de culminar la remontada con un zapatazo que se marchó por encima del larguero por muy poco, arrancando una ovación sincera del respetable, consciente de estar viendo al Alhaurino que todos quieren ver.

El CP Mijas movió ficha, trató de imponer calma y posesión, pero el muro defensivo del Decano se hizo aún más alto. Los mijeños jugaban sin claridad, con la pelota pero sin profundidad, mientras el Alhaurino rompía líneas, mordía y esperaba su momento. Y lo hizo con paciencia, oliendo la sangre en la recta final.

Con el Miguel Fijones rugiendo, más de mil corazones azulillos empujaron a su equipo hacia adelante. El Alhaurino tomó las riendas cuando el partido agonizaba: posesión, asedio y casta. Sergio Oliva volvió a tenerla; primero forzó un córner y después protagonizó la jugada que pudo cambiarlo todo. 

Tras una larga acción de posesión, más con el corazón que con la cabeza, el balón cayó de nuevo en sus botas. Dos defensores quedaron atrás y el disparo cruzado, con el meta batido, rozó la cepa del poste antes de marcharse fuera, caprichoso, cuando todo el estadio ya cantaba el gol de la victoria.

Que fuese el líder quien acabara pidiendo la hora, pese a jugar con un hombre más, dice mucho de lo vivido en el Miguel Fijones. El Alhaurino fue despedido con una ovación cerrada, consciente su gente de que esta vez sí mereció darle la vuelta al marcador. 

Porque hay empates que saben a victoria. Porque hay partidos que reafirman una identidad. Y porque, cuando el Decano se reconoce a sí mismo, ni el dinero ni la superioridad numérica bastan para doblegarlo.

CD Alhaurino: Galisteo, Óscar, Lupi (Yago 89'), Tomé, Adrián (Yerai 46'), Raúl Sánchez (Zalea 73'), Hatim, Oliva, Largo, Adri Ferrete y Dickson

CP Mijas Las Lagunas: Juan Ramos, Raúl Pérez (Dani González 86'), Rafa Castillo, Cristóbal (Paco Ariza 61'), Adil (Sergio Esteban 61'), José Moreno, Paco Benítez, Ricky (Caballero 46'), Javi López, Jeremías (Palo 79') y Joselu.

Goles: 0-1, José Moreno (5') y 1-1, Oliva (50').

Árbitro: Crespo Moya, Daniel (Málaga), amonestó por los locales a Lupi, Yerai y por los visitantes a Caballero, Palo, Ricky. Expulsó por los locales a Óscar (Doble amarilla 43').

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